El gran hueco


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Brecha 1/08/2014 Por Eliana Gilet

Presidenciables opinan sobre megaminería, con la ausencia de Vázquez

A pesar de lo anunciado en la prensa, el rechazo a la megaminería como actividad a desarrollar en suelo uruguayo no fue unánime. El ala izquierda –up, peri y pt– lo manifestó abiertamente. Sin embargo, tanto el representante del Partido Colorado como el del Partido Nacional marcaron sus posiciones rodeando la cuestión. Su oposición al proyecto puntual de Aratirí huele a coyuntura y a cálculo electoral, pero ni uno ni otro negó la posibilidad de impulsar otros proyectos mineros de similar envergadura si lograran alcanzar el sillón presidencial.
Todo comenzó en hora y fue muy ordenado y puntual. Sentados a la mesa de frente al público se ubicaron los presidenciables: Pablo Mieres, Gonzalo Abella, Luis Lacalle Pou, en medio, los moderadores del evento Walter “Serrano” Abella y Miguel Nogueira, seguidos de Pedro Bordaberry, la silla vacía de Tabaré Vázquez, César Vega y Rafael Fernández.

La ausencia del partido de gobierno, impulsor del proyecto Aratirí que incluiría a Uruguay en el reino de los países megamineros, rompía los ojos y se colaba en las primeras alocuciones. Desde Uruguay Libre de Megaminería, la organización encargada del evento, se dijo a Brecha que no obtuvieron respuesta de la invitación cursada a Vázquez. Alertaron, sin embargo, que no admitían remplazos: era el candidato o ninguno, porque lo que se pretendía era el intercambio de visiones y definiciones políticas. Sin embargo, no todos los políticos se manifestaron claramente.

El Paraninfo lucía colmado. Estaba la prensa, algunos representantes nacionales como Beatriz Argimón, Pablo Iturralde y la edila nacionalista Carol Aviaga, muy cercana a Uruguay Libre de Megaminería, promotora, a su vez, de la prohibición de la minería en Lavalleja. También estaban los productores, los militantes de los partidos de la izquierda extrafrenteamplista presentes en la mesa, algunos veteranos que se balanceaban sobre sus bastones en la parte baja del Paraninfo de la Universidad. En las barras había un poco más de concurrencia joven, que no fue mayoritaria.

El discurso de Lacalle Pou fue el más hábil y esquivo. Se dirigió desde el vamos a los productores directamente afectados de Valentines –Cerro Chato–, localidad tradicionalmente blanca. El candidato no se refirió a los problemas de la megaminería, sino a los flancos abiertos del gobierno en el proyecto Aratirí: al “apuro” a la Dinama para “aprobar” la evaluación ambiental, al corto tiempo de explotación proyectado, y a la hermandad del proyecto con la instalación del puerto de aguas profundas que le garantizaría el mínimo de movimientos necesarios para su operación.

El fuerte de su crítica fue la “profunda indefensión”, nuevamente, de los productores: “El otro tema es la incertidumbre frente al mapa de Dinamige, da temor cuando uno ve la cantidad de padrones que están sometidos a la industria de la denuncia: las sociedades anónimas que tienen hermanas, tías y sobrinas que han denunciado gran parte del territorio. En nuestro derecho, la titularidad del pasto es de uno y lo que está debajo es de otro. Allí hay un conflicto entre la propiedad privada y la propiedad de la sociedad”. Expresando su “sensibilidad” frente a estas situaciones de indefensión, haciendo gala de conocimiento de los pagos en donde el proyecto ha separado familias y dividido pueblos, se retiró. “Tratamos de no dar manija; para incendiar pasto seco sólo basta una brasa y no vamos a ser nosotros quienes lo soplemos. Aquí nuestro compromiso.” Sus pasos resonaban alejándose antes de que uno pudiera siquiera preguntarse a qué compromiso se estaba refiriendo.

Pedro Bordaberry, candidato del Partido Colorado, fue algo más tosco. Guiado por un pdf y la atenta mirada de Óscar Ventura, su hombre fuerte en este tema, siguió un camino similar al delineado por el otro hijo de un ex presidente. Aludir a los productores, a la perspectiva frente al mapa del Uruguay con los “pedimentos” de explotación, al rechazo al “Uruguay dividido”.

Manifestó su posición contraria a la instalación de Aratirí basándose en la falta de un plan de cierre para las minas, el régimen tributario dispuesto por el gobierno, el “avasallamiento” de las localidades del Interior que procuran prohibir la actividad apelando a la ley de ordenamiento territorial, y por último, al secretismo con que el gobierno ha manejado todo lo que tiene que ver con el proyecto. Esto no significa, sin embargo, que tenga una posición contraria a la actividad megaminera si ésta logra condiciones “sustentables”, como ocurre con otras explotaciones de menor magnitud en el país: Orosur en Rivera o las canteras de Canelones.
Tuvo que llegar Pablo Mieres, por el Partido Independiente, para recordarles a los dos anteriores que ambos formaron parte del acuerdo multipartidario sobre minería que se forjó entre los partidos con representación parlamentaria y sobre el que terminó armándose la ley de minería de gran porte, sancionada en 2013. Esa ley estipula, entre otras cosas, “los renunciamientos tributarios” y el “plan de cierre” que tanto le rechinan a Bordaberry.

Sin embargo, hubo un punto en que los representantes de los partidos con representación parlamentaria –salvo Mieres– y los de izquierda no frenteamplista se aunaron en una misma posición: la necesidad de descentralizar las decisiones políticas en los territorios, amparándose en la ley de ordenamiento territorial.

Las críticas por izquierda marcaron su negativa al mecanismo extractivo. César Vega, del Partido Ecologista Radical Intransigente (peri), lo hizo apelando a la necesidad de continuar con la senda de país productor de alimentos, del Uruguay de praderas fértiles, mientras sacudía una ristra de ajos vernáculos y el candidato colorado le mangueaba uno. Su alocución llana y estridente recuerda, por momentos, las épocas del Mujica prepresidencial.

Rafael Fernández, candidato trajeado por el Partido de los Trabajadores, fue el único que hizo mención al papel del pit-cnt en la implantación de Aratirí.

Gonzalo Abella, el candidato por Unidad Popular fue el más claro en su crítica sistémica. Tomó como antecedente las luchas contra la megaminería de los pueblos originarios del continente americano, las resistencias a procesos similares vividos en el resto de los países, desde México a Argentina. “Esta es la lucha de los que estamos en la intemperie. La megaminería no es un rayo en un cielo sereno, es como Vandana Shiva define al ‘mal desarrollo’, es una concepción destructiva del futuro a los efectos del lucro, de ponerse de rodillas frente a las multinacionales. Es la fase imperialista del capitalismo, que se expresa en los últimos años como el saqueo más atroz.” Así como Mieres, pero con otro propósito, apuntó a la participación de todos los partidos en ese modelo: “Queremos denunciar muy firmemente la inmensa responsabilidad con el modelo de mal desarrollo de los cuatro partidos con representación parlamentaria. No es la minería un incidente en el cual debamos centrarnos sin entender hacia dónde va el país, el Estado, y cuál es el plan: monocultivo forestal, pasteras, soja transgénica, fumigaciones aéreas”. Terminó reivindicando el lugar que la Unidad Popular podría desempeñar en el Parlamento, “ventilando” todas estas alianzas.
Como para que nadie olvide que estamos en plena campaña electoral.

Plebiscito ¿sí o no?

Entre las preguntas que se tomaron del público hubo una que procuró hurgar en la posición de los presidenciables sobre el plebiscito para prohibir la minería metalífera a cielo abierto en el país, para el que Uruguay Libre de Megaminería viene juntando firmas desde hace varios meses.

Lacalle Pou y Mieres ya se habían ido. Vega y Fernández mostraron su apoyo. Bordaberry alegó cuestiones formales para no firmar, porque de cancelarse los contratos existentes habría juicios contra el Estado. Abella, sin embargo, se refirió al tema como uno de los puntos álgidos: “Estamos totalmente en contra de la megaminería y apoyamos los movimientos que están en su contra, pero constatamos que en el movimiento social, en la Asamblea Nacional Permanente –anp– están confrontadas dos posiciones. Alguna gente entiende que lo más importante es la marcha, la resistencia en el predio, y otros que están luchando por juntar las firmas. Algunos sostienen incluso que si no se logra la prohibición, el plebiscito sería una legitimación de Aratirí”.

Salvo por menciones muy puntuales a las marchas, la anp brilló por su ausencia en el encuentro. Los representantes de los partidos tradicionales y el pi eligieron hablarle sólo a los productores, y no al movimiento de oposición que ha confluido en ese ámbito.

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